lidia borda

la giGanTA dE bAuDelAiRe

"Qué lindo es ir a ver
la mujer más gorda del mundo
entrar con un miedo profundo
pensando en la giganta de Baudelaire"
Eche veinte centavos en la ranura




“Vamos a suponer que cierto día o cierta noche un demonio se introdujera furtivamente en la soledad más profunda y te dijera: esta vida tal como tú la vives y las has vivido tendrás que vivirla todavía otra vez y aún innumerables veces; y se te repetirá cada dolor, cada placer y cada pensamiento, cada suspiro y todo lo indeciblemente grande y pequeño de la vida. Y hasta esta araña y este claro de luna entre los árboles y lo mismo este instante y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia dará la vuelta siempre de nuevo, y tú con el corpúsculo de polvo.
En todo tu obrar, a cada cosa y a cada paso, se impondría como la carga más pesada la pregunta: ¿quieres que se repita esto otra vez y aun innumerables veces? ¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino esta suprema y eterna confirmación!


Friedrich Nietzsche (El Eterno Retorno).

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Mamá... Horacio no está!!!

Desde hace muchos años, haga frío o calor, su vecino Horacio arrastra una silla por el pasillo y se sienta frente a su casa en Boedo. El viejo es parte del paisaje; de alguna manera parte de sus vidas. Hay algo que no empata cuando él no está y hasta sus hijos pequeños lo perciben. “Esos es tango” me dice Lidia con sus ojos enormes, melancólicos y hermosos: la presencia que percatamos por la ausencia, la añoranza de lo que no está, la noche, cierta música que no tiene letra y no se puede cantar, “el verso aquel que no podemos recordar”, las fotos en blanco y negro, su mamá cantando tangos mientras jugaban en el patio… todas esas cosas donde está la melancolía, el sentimiento más hermoso.


“Tengo algo adentro que tiene que salir y yo no sé si es un ángel o es un monstruo, pero necesito que salga” le decía a su maestra de dibujo cuando era chica. Con el canto ha logrado expresar una buena parte de eso y sigue en la búsqueda. A través de una serie de hechos casuales descubrió la circularidad de la vida: el Tata Cedrón sonando en el taller donde tomaba clases de dibujo cuando era una adolescente, el hallazgo de una pila de partituras de tango antiguas abandonadas en el altillo de una casa vieja, Luis Cardei con su ternura y sus enormes manos, la Librería Gandhi, el Club del Vino, el Bar Tuñón… Todo estaba conectado en algún punto, hasta que se ataron los cabos y vinieron las respuestas a todo el terror que guardaba adentro.


Eso es tango y es poesía. No se puede pensar el tango como una pose o el producto de algo diferente a los encuentros y los hallazgos dentro del camino que uno elige. Esa elección nos permite entrelazar nuestra vida con la de otros que eligieron cosas parecidas y sin pretenderlo nos traen respuestas. Coincidencias, Dios, el Misterio, llámenlo como quieran.

Yira, querida Lidia… yira, yira, yira. Eres más grande que la Giganta de Baudelaire.




Me entregó una mariposa multicolor que trajo de muy lejos y seguirá su camino:



Y una de las viejas partituras que encontró abandonadas:






Con el tiempo todo se va... y todo vuelve!!!
Leo Ferré, el último de los poetas malditos: