
"El invento tragavento suelta música de jazz
muchachitas de ojos tristes que nos vienen a esperar
y un varón del novecientos, descontento,
que reclama su gotán"
En la madrugada (Tito Cabano/Federico Silva)
muchachitas de ojos tristes que nos vienen a esperar
y un varón del novecientos, descontento,
que reclama su gotán"
En la madrugada (Tito Cabano/Federico Silva)
“Como todos los buenos cocineros, los chinos se basan en ingredientes locales para sus platos típicos. Muchos creen que para preparar platos chinos se necesita una enorme cantidad de hierbas, condimentos y aromatizantes chinos. Lo cierto es que se pueden preparar muchos platos sin ingredientes específicamente chinos. Se puede desde luego preparar todo un banquete sin más condimentos que los que se encuentran normalmente en nuestras tiendas. Lo importante es que sepan, se vean, y huelan tan tentadores como el plato original, ya que nadie consumiría alimentos que no saben bien, que no se ven bien o que no huelen bien”.
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Una década atrás, mientras en la superficie la vida funcionaba bajo la normalidad, en los sótanos de un bar se “cocinaban” cosas raras. El tango y el jazz sin mezclarse, se juntaban; underground (bajo tierra), pero no por eso contracultural o alternativo, con ingredientes nativos se buscaba elaborar lo propio, aunque la receta viniera de afuera. Hot Club de Boedo y la Fernández Fierro compartían ese lugar de ensayo. Hoy ambas fórmulas están certificadas, degustadas y aprobadas: el Jazz del Río de la Plata por un lado, y el Tango de Ruptura por el otro. De este encuentro quedaron lindos recuerdos, una gran amistad, mucha música y tangos, entre ellos "Waldo", que compusiera en aquella época Julián Peralta.
En los años 40 y 50 las Orquestas Típicas de Tango y las agrupaciones de Jazz, con sonidos traídos de Francia, compartían escenario en los bailes de los clubes de barrio de Buenos Aires. De este modo se reunían músicos como: Osvaldo Pugliese y Oscar Alemán, Anibal Troilo y Feliciano Brunelli o Juan Darienzo y Washington Bertolín. Lo que equivaldría a ver a Waldo Fonseca y Julián Peralta juntos hoy en día. ¿Por qué no?
Waldo conoce muy bien sus comensales: los conoce y los respeta. Por eso se ha dedicado con esmero a recrear el jazz que hace más de 60 años los porteños bailaban en vivo, para entregarlo de vuelta en las milongas más tradicionales donde los viejos -que jamás olvidan-, botan la muleta y el bastón, agarran su pareja y mueven hasta el dedito meñique que el reuma les tenía fuera de servicio.
También ha incursionado en el tango: hace unos años formó un cuarteto con el maestro Roberto Siri, bandoneonista. Tocaban tango de la guardia vieja, muy tradicional, tal como se hacía a fines del siglo diecinueve, con clarinete, guitarra, violín y bandoneón, al estilo de Los Muchachos de Antes.
Vi a Hot Club de Boedo en mi primera salida tanguera en Buenos Aires, en el mismo lugar donde conocí a Raquel Buela. Sin embargo Waldo fue al último que entrevisté; tuvo que trancurrir algún tiempo antes que yo descubriera que el Waldo de las partituras que me regaló Julián era el mismo Waldo que yo conociera aquella noche. Hay lazos invisibles, de eso no hay duda, que a veces la vida nos permite develar para llevarnos a lo que estábamos buscando. No son simples coincidencias.
Tangos al estilo de Oscar Alemán:En los años 40 y 50 las Orquestas Típicas de Tango y las agrupaciones de Jazz, con sonidos traídos de Francia, compartían escenario en los bailes de los clubes de barrio de Buenos Aires. De este modo se reunían músicos como: Osvaldo Pugliese y Oscar Alemán, Anibal Troilo y Feliciano Brunelli o Juan Darienzo y Washington Bertolín. Lo que equivaldría a ver a Waldo Fonseca y Julián Peralta juntos hoy en día. ¿Por qué no?
Waldo conoce muy bien sus comensales: los conoce y los respeta. Por eso se ha dedicado con esmero a recrear el jazz que hace más de 60 años los porteños bailaban en vivo, para entregarlo de vuelta en las milongas más tradicionales donde los viejos -que jamás olvidan-, botan la muleta y el bastón, agarran su pareja y mueven hasta el dedito meñique que el reuma les tenía fuera de servicio.
También ha incursionado en el tango: hace unos años formó un cuarteto con el maestro Roberto Siri, bandoneonista. Tocaban tango de la guardia vieja, muy tradicional, tal como se hacía a fines del siglo diecinueve, con clarinete, guitarra, violín y bandoneón, al estilo de Los Muchachos de Antes.
“Lo que se está haciendo hoy en día en el tango no tiene nada de nuevo, porque las armonías son viejas, los argumentos son viejos… hay gente del rock que se le acabó el género entonces se tiran a hacer cosas de tango… eso de nuevo no tiene nada, eso es necesidad y la necesidad es muy vieja”, me dice mientras toma su mate hirviendo.
Vi a Hot Club de Boedo en mi primera salida tanguera en Buenos Aires, en el mismo lugar donde conocí a Raquel Buela. Sin embargo Waldo fue al último que entrevisté; tuvo que trancurrir algún tiempo antes que yo descubriera que el Waldo de las partituras que me regaló Julián era el mismo Waldo que yo conociera aquella noche. Hay lazos invisibles, de eso no hay duda, que a veces la vida nos permite develar para llevarnos a lo que estábamos buscando. No son simples coincidencias.
Me regaló algunos carteles anunciando sus presentaciones:

Tuve el honor grandísimo de compartir unos momentos de ensayo anteriores a la presentación con Waldo y el violinista Leonardo Suárez Paz, quien tocara con ellos aquella noche:


Un viejo milonguero que reclama su jazz:
Oscar Alemán:
"Waldo" interpretado por la OT Fernández Fierro: