...o el enano de dos cabezas
"En cuanto en la cancha sus once globitos
valientes y audaces desplaza Huracán
se ve en la barquilla de los delanteros
un recio mortero que apunta tenaz"
El mortero del globito (F. Garcia Jimenez/M. Padula)
valientes y audaces desplaza Huracán
se ve en la barquilla de los delanteros
un recio mortero que apunta tenaz"
El mortero del globito (F. Garcia Jimenez/M. Padula)
"Los Gnomos son pequeños seres barbados, con vestimentas muy coloridas y un estilo de vida subterránea; prefieren la noche y viven en madrigueras. Son criaturas benévolas, a diferencia de sus pares los duendes, que pueden ser tanto benignos, como malignos.
Taranta, como le dicen sus amigos, casi se muere cuando chiquito. Las vecinas lo cuidaron tanto, que se quedó mimoso y cortico. Vive en una baticueva con su madre, un gato que se llama Gato y otros bichos: todo un ecosistema. El gato come cucarachas, las cucarachas comen pulgas, las pulgas pican a Luisito, Luisito se rasca en el sofá, al sofá se lo comen las polillas, las polillas cuelgan de las telarañas y las arañas... se comen las palabras que su madre ya no escucha. Él no come gato: come tango, duerme tango, habla tango, vomita tango, baila tango y trabaja en la radio de tango.
Su cueva es un laboratorio científico donde ni el mismo Einstein hubiera podido comprender las características esenciales del universo. Allí la fuerza de la gravedad obedece a postulados desconocidos, ecuaciones cósmicas que solamente los gnomos conocen. El gato se pasea sobre altísimas pilas de discos y libros, y éstas ni siquiera se tambalean. Los zapatos arrumados forman esculturas maravillosas dignas de estar en un museo. Las cucarachas en fila india suben hasta el techo –las que logran escapar al insecticida– las demás mueren revolcándose en el piso.
Habla un idioma extraño: gasá, gasé, gasí, gasó, gasú… después de la vocal acentuada; parece simple pero es una jerga complicada. Por tanto, monta en bogasondi, come fidegaseos con mantegaseca, es hincha del globigasito y nunca olvida su paragasaguas por si cae la togasormegasentagasa. Saluda a las chicas por la calle con su jeringonza: adiogasós mamigasita hermogasosa! Ellas no entienden pero le sonríen; es un encanto.
Cuando va a la milonga observa y espera. Jamás desperdicia sus pasos. Una vez que cabecea, todo su ser se dispone al abrazo. Prefiere las rusas altas y delgadas. Con una boca les susurra palabras de amor en el pecho, con la otra, les besa el alma mientras danzan. Es bajito ¿cómo alcanza? Bajo el sombrero esconde otra cabeza que lo hace un enorme caballero tierno y galante. Por eso prefiere las que calzan treinta y nueve.
Luis me escuchó, me mimó, me cuidó y me llevó a muchas partes. Quiso enseñarme a bailar tango, pero cuesta entender lo que quieren sus cabezas. Las clases fueron un desastre, pero entre tango y tango nos hicimos amigos de pecho y alma. Fue fácil: yo calzo treinta y nueve.
Su cueva es un laboratorio científico donde ni el mismo Einstein hubiera podido comprender las características esenciales del universo. Allí la fuerza de la gravedad obedece a postulados desconocidos, ecuaciones cósmicas que solamente los gnomos conocen. El gato se pasea sobre altísimas pilas de discos y libros, y éstas ni siquiera se tambalean. Los zapatos arrumados forman esculturas maravillosas dignas de estar en un museo. Las cucarachas en fila india suben hasta el techo –las que logran escapar al insecticida– las demás mueren revolcándose en el piso.
Habla un idioma extraño: gasá, gasé, gasí, gasó, gasú… después de la vocal acentuada; parece simple pero es una jerga complicada. Por tanto, monta en bogasondi, come fidegaseos con mantegaseca, es hincha del globigasito y nunca olvida su paragasaguas por si cae la togasormegasentagasa. Saluda a las chicas por la calle con su jeringonza: adiogasós mamigasita hermogasosa! Ellas no entienden pero le sonríen; es un encanto.
Cuando va a la milonga observa y espera. Jamás desperdicia sus pasos. Una vez que cabecea, todo su ser se dispone al abrazo. Prefiere las rusas altas y delgadas. Con una boca les susurra palabras de amor en el pecho, con la otra, les besa el alma mientras danzan. Es bajito ¿cómo alcanza? Bajo el sombrero esconde otra cabeza que lo hace un enorme caballero tierno y galante. Por eso prefiere las que calzan treinta y nueve.
Luis me escuchó, me mimó, me cuidó y me llevó a muchas partes. Quiso enseñarme a bailar tango, pero cuesta entender lo que quieren sus cabezas. Las clases fueron un desastre, pero entre tango y tango nos hicimos amigos de pecho y alma. Fue fácil: yo calzo treinta y nueve.
Me entregó un banderín prehistórico de su adorado club:
Y unos zapaticos que "alguna" dejó bajo su cama. Me los probó con la ilusión que yo fuera la princesa perdida; talla 39, los zapaticos me calzaban perfectamente (por un instante tuve miedo), suerte que los tacones 9 1/2 no me permitieron dar ni un paso. Ufff... Definitivamente no eran míos! pero el hechizo terminó: las zapatillas encontraron su lugar en un sueño.

En la Baticueva:

Obsérvese el Raid mata cucarachas:


