oscar fischer

ghEpettO



"He sabido que a Pinocho lo han traído
con una urgencia, moribundo, al hospital,
¡y que un hada misteriosa que ha venido,
con su magia lo acaba de curar!"
Cucusita (Carlos Lucero)




"Las mentiras que hacen crecer la nariz no son sólo culpa del pobre Pinocho. Su verdadera historia está plagada de mentiras. La primera comienza con la nacionalidad de Pinocho. Nadie duda en afirmar que el muñeco es italiano. Pero, ¿italiano de dónde? Porque durante buena parte del siglo XIX, siglo en que vivió Carlo Collodi (su autor), Italia no existía como tal. Collodi tampoco era el verdadero apellido del autor de Pinocho: su padre era el señor Domenico Lorenzini y su madre se llamaba Ángela Orzali, por lo tanto su nombre completo y real era Carlo Lorenzo Fillipo Giovanni Lorenzini. El título original del cuento es "Storia de un Buratino", es decir "Historia de un Muñeco" y no "Las aventuras de Pinocho". En el capítulo XV unos ladrones lo persiguen para robarle unas monedas, lo ahorcan despiadadamente y lo matan. Ante los ruegos del editor Collodi tuvo que inventar un Hada poderosa (que no era rubia sino de cabello azul), que revivió a Pinocho. Y no se lo tragó una ballena como nos lo mostró Walt Disney sino un tiburón, que además sufría de asma".


De la misma manera se han dicho tanta cosas sobre el bandoneón....

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- Puse las zapatillas de Felipe en agua.
- Dejalas secar a la sombra no al sol.
- Ay! las patitas de Tito están dobladas.
- Tratalo con cuidado, podrías romperle el alma.


Ésta es una conversación normal entre Oscar y su ayudante en la Casa del Bandoneón. Se refieren a esos “bichos de ochenta años”, como él los denomina, que cuida con esmero y lo acompañan. Cuando llega a sus manos un bandoneón, le pone un nombre, como a un hijo.


Se crió en el campo donde aprendió a manejar las herramientas en el taller de su tío mientras escuchaban tangos, como todo mecánico que se respete. Se recibió de maestro mayor de obra, luego comenzó Psicología y abandonó en seguida, después entró a estudiar Diseño Gráfico. Con mucho esfuerzo ahorró plata para comprar una computadora y así poder cumplir con los trabajos que le exigían para poderse recibir. Con el dinero en el bolsillo y una terrible crisis existencial llegó donde su novia ¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida? le dijo ella confundida. "Quiero ser músico y lutier" y en seguida se desmayó. Despertó en una subasta, cuando el tercer golpe de martillo anunciaba que el artefacto era suyo. No entendía nada hasta que vió venir a su amigo Lalo, músico flautista y guitarrista, con una enorme sonrisa de satisfacción sosteniendo un bandoneón. Se revisó los bolsillos... el dinero no estaba... bendito seas Lalo!!!


El instrumento necesitaba varios ajustes. Fué a todas las bibliotecas a buscar bibliografía, no había nada. Así que él mismo, como pudo, lo arregló. Así comenzó su oficio de lutier. Lalo le enseñó música, le diseñó un método especial porque tenía pensado incorporarlo a su grupo de rock. Tocó con ellos un tiempo y luego entró a una orquesta típica de tango.


Cuando va a escuchar tocar a sus clientes y amigos siente como si estuviera “viendo a un hijo en la cuerda floja”. Se pone muy nervioso cada vez que toca alguno de sus bandoneones. Como un hada misteriosa, suele llevar un bandoneón de repuesto por si algo le sucede al que está tocando y no lograra con su magia hacerlo respirar.


Son muchos los bandoneones que ha logrado curar; en su taller reciben los cuidados necesarios para su pronta recuperación. Pero hay algo que aún no ha podido controlar: los fuelles no le dicen mentiras, pero en las noches fuman a escondidas y se van detrás de cualquier gringo o européo que les ofrece cigarrillos extranjeros.








Me regaló un estuche antiquísimo de bandoneón, una partitura, un fuelle y varias hermosas tapas



Y un montón de correas que pertenecieron a legionarios dueños de los instrumentos. Talvez en una de ellas esté el sudor de Troilo ¡Un verdadero tesoro!