
"Yo soy el que se fué, las cosas que dejé
no me dejan que olvide amigos y café...
Yo soy el que se fue y aunque lloré
yo cuido mi nostalgia.
Yo soy el que se fue y creanmé
no es fácil la distancia".
Yo soy el que se fue (Lucio Arce)
yo cuido mi nostalgia.
Yo soy el que se fue y creanmé
no es fácil la distancia".
Yo soy el que se fue (Lucio Arce)
"Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de criminales a gran escala? Y esas bandas ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos. Abiertamente se autodenominan entonces reino, título que a todas luces les confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda". Esto le respondió un pirata caído prisionero al célebre Alejandro Magno, cuando el rey en persona le preguntó: ¿qué te parece tener el mar sometido a pillaje? Lo mismo que a ti, le respondió, el tener al mundo entero. Solamente que a mí, que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador.
San Agustín de Hipona
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"Desplazado de la cultura colombiana” como él mismo se denomina, se echó a andar con su violín al hombro; sin rumbo fijo y sin plata, “con el cielo como techo y como ley su voluntad”, como lo hacen los piratas. Cruzó una frontera y otra y otra, hasta que llegó al Obelisco. Sólo quería tomarse una foto y regresar a Colombia. Pero en Plaza San Martín, Cupido le mandó un flechazo que lo hirió casi de muerte. Se recuperó y se quedó. Hubo más flechazos y más muertes, pero siempre estuvo el tango para enseñarle que sin muerte no hay olvidos.
Su padre, músico y lutier, lo acostumbró a tocar a oído. Luego entró al conservatorio y aprendió a leer y escribir lo que ya sabía decir. Vivaldi nunca peleó con sus boleros, sus bambucos y sus tangos; disfruta igual toda la música que toca. En su casa siempre hubo tangos, desde muy temprano se escuchaban por la radio junto con la música popular colombiana: "los colombianos hemos mamado tango, lo llevamos en la sangre, aunque a los argentinos les duela o no lo crean", me dice con cierta ironía.
Con un alto nivel en la técnica del violín y una buena estrella que lo acompaña a todas partes, ha logrado pertenecer a cuatro importantes grupos de tango del momento:La Chicana , El Arranque, Astillero y Sans Souci, por lo cual algunos lo tildan de ambicioso. Cuando le pregunté cómo maneja los conflictos al involucrarse con grupos tan disímiles me dice: “Soy un mercenario de guerra. Voy donde me pagan. Disfruto cada grupo como mío y en cada uno hago lo mejor que puedo”.
El tango le ha dejado horas de vuelo: “uno no puede aprender a manejar un avión en un simulador, hay que volar” y ¿en el alma? horas de amor, horas de sufrimiento, horas de desilusión, de soledades y... locura. Encuentra alivio en su violín barroco, en su trabajo conla Orquesta Académica del Colón, y en los aplausos callejeros cuando en las noches sale a tocar por Florida y hace de su estuche un "cajero automático".
Aguanta Osi, que en Colombia te esperan tu madre, tu familia, tus amigos y esta tierra fértil ávida de músicos que toquen tango. ¡Ese tesoro que conquistaste ya era nuestro!
Su padre, músico y lutier, lo acostumbró a tocar a oído. Luego entró al conservatorio y aprendió a leer y escribir lo que ya sabía decir. Vivaldi nunca peleó con sus boleros, sus bambucos y sus tangos; disfruta igual toda la música que toca. En su casa siempre hubo tangos, desde muy temprano se escuchaban por la radio junto con la música popular colombiana: "los colombianos hemos mamado tango, lo llevamos en la sangre, aunque a los argentinos les duela o no lo crean", me dice con cierta ironía.
Con un alto nivel en la técnica del violín y una buena estrella que lo acompaña a todas partes, ha logrado pertenecer a cuatro importantes grupos de tango del momento:
El tango le ha dejado horas de vuelo: “uno no puede aprender a manejar un avión en un simulador, hay que volar” y ¿en el alma? horas de amor, horas de sufrimiento, horas de desilusión, de soledades y... locura. Encuentra alivio en su violín barroco, en su trabajo con
Aguanta Osi, que en Colombia te esperan tu madre, tu familia, tus amigos y esta tierra fértil ávida de músicos que toquen tango. ¡Ese tesoro que conquistaste ya era nuestro!
Me entregó su primer atril, con el que ha viajado a todas partes, y una partitura de tango que forma parte de una colección que heredó de la biblioteca personal de María Carbone, pianista fallecida.


Con "El Arranque":

Con "Astillero":

Con "La Chicana":

Con "Sans Souci":
