La vida cómplice y generosa se encargó de la agenda cotidiana; me trajo cada encuentro como si aquellos que se toparon conmigo estuvieran hace tiempos esperándome; gente común que vive el tango sin ninguna presunción, sin esa distancia que trae la fama. Escuché y vi el gotán que no se vende en las esquinas. Buenos Aires me acogió con su belleza, en un cálido verano con olor a azahares y flores azules tapizando las veredas.
Cada uno me confió sus recuerdos, sus anhelos, sus pesares… me entregó sus cosas para ilustrar su propia historia, sus prendas, sus tesoros, en un acto de desapego que me hizo sentir afortunada y comprometida a transformar mi botín en instrumentos y voces capaces de hablar sin música y sin palabras. Me entregaron un fuelle, un atril, una guitarra, un estuche de violín, arcos, cuerdas, puentes, partituras, discos que sonaron, camisas que cantaron, zapatos que bailaron… objetos repletos de tango esperando sonar en tierras lejanas.
Antes de regresar dejé en el Café Margot mis mariposas, mis amores, mis sueños, quizás no le dé tiempo de atraparlos a la nada y pueda seguir jugando a provocar al silencio con mis inventos. No todos los días se encuentra una mesa de soñar en un café donde reposan las “aventuras espaciales del espíritu y los desvelos de los irreductibles ensoñantes”.
Gracias de todo corazón a cada cómplice de este viaje que de alguna manera contribuyó en este invento y gracias al Misterio que propició tantas coincidencias.
Marcela.
Cada uno me confió sus recuerdos, sus anhelos, sus pesares… me entregó sus cosas para ilustrar su propia historia, sus prendas, sus tesoros, en un acto de desapego que me hizo sentir afortunada y comprometida a transformar mi botín en instrumentos y voces capaces de hablar sin música y sin palabras. Me entregaron un fuelle, un atril, una guitarra, un estuche de violín, arcos, cuerdas, puentes, partituras, discos que sonaron, camisas que cantaron, zapatos que bailaron… objetos repletos de tango esperando sonar en tierras lejanas.
Antes de regresar dejé en el Café Margot mis mariposas, mis amores, mis sueños, quizás no le dé tiempo de atraparlos a la nada y pueda seguir jugando a provocar al silencio con mis inventos. No todos los días se encuentra una mesa de soñar en un café donde reposan las “aventuras espaciales del espíritu y los desvelos de los irreductibles ensoñantes”.
Gracias de todo corazón a cada cómplice de este viaje que de alguna manera contribuyó en este invento y gracias al Misterio que propició tantas coincidencias.
Marcela.
Un café con nombre de tango...
una mesa de soñar en un café...
y el amor... siempre el amordetrás de cada tango
detrás de cada mujer.


