marcela lavorato

sUpER tOcAYa



"Yo he soñado la dicha de volar
pero el alma lloraba al despertar.
Reyes del aire que eran mi halago
se habían ido cual reyes magos"
Reyes del aire (José Bohr/Amadeo Canale)






"Toda persona razonable debe recordar que son dos las maneras y dos las causas por las cuales se ofuscan los ojos: al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a la luz. Y, una vez haya pensado que también le ocurre lo mismo al alma, no se reirá insensatamente cuando vea a alguna que, por estar ofuscada, no es capaz de discernir los objetos, sino que averiguará si es que, viniendo de una vida más luminosa, está cegada por falta de costumbre o si, al pasar de una mayor ignorancia a una mayor luz, se ha deslumbrado por el exceso de ésta; y así considerará dichosa a la primera alma, que de tal manera se conduce y vive, y compadecerá a la otra, o bien, si quiere reírse de ella, esa su risa será menos ridícula que si se burlara del alma que desciende de la luz".

Del mito de la caverna, libro VII de La República de Platón.

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Mientras la vida le parecía un total sinsentido, llena de cosas raras que no podía controlar, en la televisión anunciaban la Universidad del Tango. ¡Es absurdo! pensó. Sinembargo anotó la dirección y fue a indagar qué clase de locos estudiaban en ese lugar... sólo por curiosidad. Había gente muy grande, de más de ochenta años, jovencitas pizpiretas, ciegos, sordos, mudos… todos parecían medio perturbados pero no era propiamente un sanatorio, no de esos donde encierran a los locos, así que se inscribió.

A los pocos meses dejó
la terapia y los ansiolíticos que llevaba tiempo consumiendo. Nuca imaginó que la cura estaba allí, en los abrazos: los que dio, los que recibió, los que ahora enseña a dar y recibir, que no serán jamás tan emocionentes como los de su compañero sordo, ciego y mudo que se comunicaba por medio de golpecitos en las manos, y las vibraciones de las palpitaciones del corazón del otro al abrazarse; con esa música silente y profunda, en total osuridad bailaba, sin tropezar jamás, mientras sonreía. ¿Cómo no encontrarle sentido a la vida luego de tan hermosa experiencia?

Cambió
el Rivotril (la "píldora de la felicidad") por el tango, pero no logró curarse de ciertas alucinaciones: “Yo sé lo que se siente volar, te lo juro, yo creo que alguna vez volé, en sueños o en otra vida, pero me acuerdo de haber volado… en serio; cuando chiquita soñaba con ser una heroína. Ahora quisiera viajar a lugares donde no conozcan el tango y llevárselos, para sentirme como un superhéroe: ¡salvé al mundo!”. Al menos se salvó de la indiferencia que es el peor de los males: no se puede bailar tango si no se está dispuesto a escuchar al otro.

Una tarde cualquiera tomé un papelito que colgaba enganchado a una ventana a la vuelta de mi casa en Buenos Aires anunciando clases de tango; hablamos largo rato por teléfono, sin conocernos, las dos teníamos el mismo nombre, hubo mucha conexión; luego asistí a un par de sus clases y tomamos café mientras nos contábamos miles de cosas, como lo hacen los amigos.

No hubo tiempo para aprender a bailar, pero me puso en las puertas del remedio que también yo estaba necesitando. ¡Gracias Marce! Aunque... no sé bien si estoy entrando o saliendo de las cavernas.






Me entregó sus primeros zapatos de tango, que le compró su madre cuando entró a estudiar, su camiseta de instructora y una cajita vacía de la pildorita que no toma más:








Una memorable escena de la película "The Matrix", es aquella en la cual Neo tiene que escoger entre la píldora roja o la azul: "Si tomas la píldora azul, la historia acaba, te despiertas en la cama y crees en todo lo que quieres creer. Si tomas la píldora roja te quedas en el mundo de las maravillas. Recuerda, lo único que te estoy ofreciendo es la verdad, nada mas…" Su opción está entre el despertar traumático a la realidad, o la persistencia en la ilusión regulada por la Matrix. Neo escoge la Verdad:
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